La historia de cómo empecé un negocio con $60 después de haber arruinado 150 camisas

Cuando uno pasa por un mal momento las personas a nuestro alrededor nos dicen ” vas a ver como en unos años te estarás riendo de todo esto“. Bueno, el primer negocio que hice vendiendo camisetas fue un completo fracaso y hasta la fecha no me da risa, de hecho, sigue dándome bastante pena contarlo y sigo pensando que es una de las vergüenzas más grandes que he tenido que vivir. Esta es la historia de cómo mi mejor amiga y yo terminamos arruinando un pedido de 150 camisetas.

Siempre fui una mujer a la que le gusto sentirse económicamente independiente y hacer su propio dinero. Desde que estaba en el kinder me gustó saber que podía vender dulces para ganarme un colón extra para comprar más cosas en la tienda. Les cuento esto porque el contexto es importante y necesito que visualicen mi historia. A medida fui creciendo, los gastos se volvieron más ambiciosos, y el colón extra para la tienda dejó de sentirse suficiente, así que a lo largo de los años vendí postres, pulseras, aritos, maquillaje por catálogo, etc.

Estaba yo en la universidad, probablemente cursando segundo año, cuando se empezó a promover un congreso, si no mal recuerdo era sobre liderazgo y era en Guatemala . Mi mejor amiga y yo nos moríamos por ir juntas y empezamos a generar ideas para poder ganar el dinero que necesitábamos para pagarlo. Casualmente en esos días nos habíamos inscrito en un taller de serigrafía, mas por distracción y ganas de aprender algo nuevo que porque estuviéramos buscando hacer negocio de eso, ¡pero claro! al salir del taller mi loca mente a la que siempre le ha encantado vender, le dijo a mi amiga ¡Hagamos camisas y las vendemos! Y pueden reírse pero en realidad el plan era perfecto, éramos dos mujeres capaces, con una red de apoyo fantástica y con toda la motivación del mundo, si las cosas hubieran salido bien en un mes habríamos tenido todo el dinero necesario para pagar nuestro congreso. El problema fue que todo salió mal.

(Esta es la parte en la que pueden sentarse, está por ponerse intenso)

En las semanas siguientes hicimos uso de nuestra red de contactos y sin mayor esfuerzo conseguimos un negocio que parecía ser la oportunidad de nuestras vidas. ¡ Conseguimos un cliente que quería 150 camisas! Esa venta era todo lo que necesitábamos para pagar el congreso, pero había un pequeño detalle… cada camisa llevaba nombre. Si ustedes no están familiarizados con el proceso de la serigrafía les cuento que para estampar 1 diseño hay que crear un molde que únicamente funciona reproducir el mismo diseño. Por lo tanto, si cada camisa iba a llevar un detalle personalizado, eso iba a significar que íbamos a tener que hacer 150 marcos para estampar 150 camisas diferentes. Ahora que lo veo escrito no sé en qué estábamos pensando al aceptar, pero con nuestra inexperiencia y ganas de ir al congreso dijimos que sí.

Aceptamos el trabajo, por el cual ni siquiera cobramos lo que una camisa personalizada realmente vale, y nos tomo quizás dos días empezar a ver cómo la oportunidad de nuestras vidas se derrumbaba frente a nuestros ojos. Lo que pensamos que iba a ser una semana de trabajo por las tardes, se convirtió en 2 semanas de trabajo de 8am a 10 pm (estábamos de vacaciones), lo que empezó como un proyecto de dos termino convirtiéndose en un equipo de 7 personas (agradecimientos especiales a todos los amigos que ayudaron), y lo peor de todo fue ver como nuestro orgullo se iba destruyendo con cada día que pasaba. Realmente nada de lo que les diga va a transmitir el verdadero nivel de cansancio, estrés y hambre que tuvimos en esas dos semanas que pasamos estampando camisas en la cochera de mi amiga.

Cuando finalmente entregamos el pedido ¿Adivinen qué paso? Las camisas estaban mal. No entraré en detalles de por qué estaban mal porque no puedo escribir mientras tengo la cabeza enterrada en la tierra, pero lo importante es que todo estaba mal y que tuvimos que rogar para que al menos nos dieran dinero suficiente para cubrir los costos que habíamos tenido (agradecimientos especiales a la buena voluntad del cliente por dejarnos esa parte del dinero).

Si en ese entonces me hubieran dicho que mas adelante vender camisas sería uno de los pilares de mi pequeña tienda, quizás hubiera corrido a rezar el rosario. Esta es la segunda parte de la historia: Cómo empecé mi negocio con $60

Hola Me llamo Andrea Tobar, perdón por presentarme tan tarde en esta historia. Tengo 5 años trabajando desde casa como ilustradora freelance, me encanta dibujar y colocar esos dibujos en productos que las personas puedan usar, regalar o vestir, y a que no se imaginan… ¡Me encanta hacer camisetas con mis ilustraciones!

A menudo me preguntan ¿Cómo empecé? Y no puedo evitar notar que a veces las personas quisieran que les respondiera que tuve un momento de revelación divina en el cual decidí que quería ser mi propia jefa, cambiar el mundo con mis dibujos y abrir un camino para que en el futuro nuevos ilustradores no la tengan tan difícil. Pero la verdad no es así (disculpas por la decepción). La verdad es que cuando empecé tenía muy poca idea de qué era lo que estaba haciendo, y creanme que cuando todo empezó, jamás, jamás, jamás pensé que ilustrar terminaría siendo mi trabajo de tiempo completo.

A mí me gustaba dibujar por hobbie, siempre he tenido la necesidad de exteriorizar ideas y aunque en aquel entonces escribía bastante, también ilustrar me llenaba esas ganas de sacar algo que me daba vueltas en la cabeza. A veces, compartía mis dibujos en Instagram, exactamente como tu compartes tu comida, sin ninguna intención de por medio, pero poco a poco, mi círculo cercano empezó a motivarme para que hiciera más dibujos incluso conseguí un trabajo de tiempo completo adonde tenía que diseñar bastante. Aquí tengo mucho que agradecerle a mis amigos y profesores por haberme hecho creer que tenía al menos algo de talento para dibujar. Entre los primeros dibujos que compartí estaba una ilustración de Julio Cortázar y unas niñas de la universidad me preguntaron si podían hacer camisas con ese dibujo para venderlas y recaudar fondos para una actividad académica. Con el mayor de los gustos yo les cedí mi ilustración para que hicieran sus camisas y les recomendé contratar a alguien para el estampado.

A continuación el universo confabula para que las cosas se den (Paulo Cohelo estaría orgulloso de mi por haber escrito esto). Primero mi amigo Roberto que trabajaba conmigo se sienta a la par mía y me dice “Andrea tienes que hacer una fan page de tus dibujos, no me voy a mover de acá hasta que la hagas” yo le puse un millón de peros… pero al final abrí la pagina. Segundo las niñas en la universidad me muestran lo hermosas que quedaron las camisas, me regalan una en agradecimiento y me toman fotos. Hagan la matemática

Necesito algo para subir a mi pagina + tengo fotos con esta camisa que tiene una de mis ilustraciones

Publiqué las fotos y las 150 personas que en ese entonces le habían dado like a mi pagina empezaron a creer que yo vendía camisas. Al día siguiente tenía alrededor de 6 mensajes de personas intentando comprarme camisas de Julio Cortázar y a cada una les expliqué que yo no las vendía, que yo solamente había hecho el dibujo y que las camisas se habían producido con fines académicos. Hasta que de pronto ya tenía a 12 personas intentando hacer un pedido. Fue entonces que pensé … creo que puedo tomar $60 dólares de mis ahorros (que seguramente andaban por los $100) para estampar una docena de camisetas y venderlas.

Así fue como vendí la primera docena de camisas.

Cuando estaba por graduarme de la universidad llevaba un año ahorrando toda la ganancia que vender camisas me había dejado. Fue justo en ese momento que yo decidí que quería intentar emprender y también decidí que no quería vender camisas, quería vender dibujos. Soñaba con que existiera al menos una persona en el mundo que viera mis productos y se sintiera feliz, que viera mis productos y pensara en regalárselos a alguien especial.

No entraré en detalles de cómo mi negocio fue evolucionando con el tiempo, pero la buena noticia es que emprender funcionó. Me da gusto decir que soy ilustradora y que puedo vivir haciendo lo que amo. Me impresiona pensar que algo que comenzó como un cuaderno para dibujar por diversión terminó siendo un trabajo igual de divertido, que me ha enseñado tanto, que me reta todos los días y que me ha permitido conocer a tantísimas personas excepcionales.

Boceto de El Fantasma de la Opera en el 2014 – Dibujado porque acababa de ver la obra en el teatro.
Ilustración de El Fantasma de la Opera en el 2020 – Ilustrado para hacer productos lindos y como tributo a la Opera Garnier de Paris.

¿Por qué escribo esto?

No pretendo que esta sea la historia de cómo todo lo malo que te pasa es por algo, o una historia de como te puede ir mal un día y bien al siguiente. Escribí esto porque estoy a un par de meses de cumplir 6 años con mi marca y quiero compartirles que esta bien no tener idea de cuál es el siguiente paso, especialmente cuando sos un estudiante. Está bien no saber qué viene y no estar seguro de cómo van a salir las cosas, agarra tu fe, tu disciplina y disfruta el viaje. Está bien evolucionar, y especialmente, esta bien equivocarse.

Este es un escrito sobre aprender a amar nuestros errores y a reconocerlos como parte del viaje. Aquí les compartí uno de los míos calidad cinco estrellas, pero la verdad es que todo mi camino ha estado y seguirá estando lleno de errores. No importa cuáles sean los míos y cuales los tuyos mientras nos sigan llevando en la dirección correcta y nos sigan motivando a hacer las cosas mejor este día.

El miedo a equivocarnos es el factor común de todos los que soñamos, pero también es la realidad inevitable que tendremos que encarar una vez demos el primer paso y empecemos a hacer las cosas.

Del mismo modo en que no puede haber árbol sin semilla o bebé sin parto, la realidad es que para lograr algo te vas a tener que equivocar, a veces en privado, a veces en público, a veces con cosas triviales y a veces con cosas tan importantes como la familia. Pero como el buen Rocky Balboa dice lo importante en la vida no es que tan fuerte podemos golpear, sino que tan fuerte pueden golpearnos sin que dejemos de avanzar.

Gracias por leerme!

Andrea 🙂

6 thoughts on “La historia de cómo empecé un negocio con $60 después de haber arruinado 150 camisas

  1. ¡Me encantó! El miedo a fracasar o la incertidumbre a empezar algo nuevo puede frenarnos de mil maneras. Pero si no la hacemos terminamos fracasando sin a penas haberlo intentado.

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  2. Hermosa historia porque sigues tu pasión se convierte en algo real, obviamente hay tiempos duros, y como me dijo un amigo un negocio requiere fe persistencia y seguir “adelante a pesar de”

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